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Un nuevo episodio de violencia ocurrió en Nicaragua, cuando una misión de obispos católicos, periodistas y activistas de derechos humanos fue atacada por simpatizantes del Gobierno en Diriamba, al sur de Managua.

Los hechos ocurrieron después de que los religiosos, acompañados por el nuncio apostólico polaco Waldemar Sommertag, llegaron en “misión humanitaria” a Diriamba, a 43 kilómetros de la capital, y fueron asediados por decenas de personas, varias de ellas encapuchadas, que irrumpieron en la basílica de San Sebastián.

El Canal 15 de televisión transmitió imágenes del obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, con una herida en el brazo derecho, aparentemente por arma blanca. Otro de los lesionados fue un periodista de esa televisora, cuyos equipos fueron robados.

También fueron golpeados el párroco de la ciudad de Masaya, Edwin Román, y reporteros que cubrían los sucesos para el Canal 12 de televisión y el programa “Esta Semana”, cuyas cámaras fueron igualmente sustraídas por los atacantes, dijeron los afectados.

El padre Román denunció que fueron víctimas de personas “enardecidas y rabiosas”, y acusó al Gobierno de tratar de impedir la labor humanitaria de los obispos.

“Asediado por una turba enardecida que quería ingresar a la basílica San Sebastián en Diriamba, fui herido, golpeado en el estómago, me arrebataron las insignias episcopales y (fui) agredido verbalmente”, relató a su vez en un tuit monseñor Báez.

El prelado advirtió sin embargo: “Lo que hemos sufrido los obispos no es nada comparado con lo que ha sufrido el pueblo de Nicaragua en los últimos días”.

Al menos 12 personas murieron en las últimas horas tras ofensivas de paramilitares armados contra manifestantes opositores en cuatro localidades del país, según organismos de derechos humanos.

En el grupo de religiosos estaba además el representante del papa Francisco, el cardenal Leopoldo Brenes, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN). Los oficialistas los recibieron a gritos llamándolos “asesinos” y “terroristas”.

“Hemos sentido esa acción, dura, fuerte y brutal contra nuestros sacerdotes. Nunca habíamos visto algo así en Nicaragua y verdaderamente es triste”, comentó Brenes en una posterior reunión de los sacerdotes en la Catedral Metropolitana de Managua.

Los religiosos planeaban visitar Diriamba y su vecina Jinotepe, para conocer la situación tras violentos ataques de fuerzas paramilitares contra opositores ocurridos el domingo, que dejaron al menos 11 muertos sólo en Diriamba y gran cantidad de heridos y detenidos.

La abogada Azáhalea Solís, dirigente de la opositora Alianza Cívica, integrada por estudiantes, campesinos, empresarios y sociedad civil, condenó “enérgicamente la actuación criminal del Gobierno” contra los obispos.

“El Gobierno rebasó todos los límites imaginables de la represión. Son criminales”, dijo Solís a la radio “Corporación”.

Después del ataque en Diriamba, otros presuntos activistas del Gobierno irrumpieron en la parroquia Santiago Apóstol de Jinotepe, de donde sacaron materiales de oficina y hasta las bancas de la iglesia, que lanzaron a la calle en medio de gritos e insultos.

“No hay palabras para describir esto”, lamentó el director de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH, independiente) Álvaro Leiva, quien se refugió con el grupo de religiosos en la sacristía de la iglesia de Diriamba.

Por su parte, la directora para las Américas de Amnistía Internacional (AI), Erika Guevara-Rosas, expresó en su cuenta de Twitter su “condena total a las agresiones en contra de monseñor @silviojbaez y periodistas dentro de la Basílica San Sebastián por parte de grupos armados pro-gobierno en Diriamba”.


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