Les saludo a todos con mucho afecto y cariño en Dios, nuestro Padre: «La Paz esté con ustedes». Al acercarnos cada vez más a celebrar el Domingo Mundial de las Misiones, invito a todos a la oración y la generosidad para ayudar a los misioneros de todo el Mundo.

Cuidar la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural

Hace algún tiempo una señora me platicó con mucha pena: “Mi hija me compartió. “Mamá yo estoy de acuerdo con el aborto, al fin que ¿qué es un embrión?”. Me entristeció escuchar esto de mi hija. Y le dije: “Respeto tu opinión. Tal vez no sé tanto como tú, pero lo que sí te puedo decir es que una madre que aborta a su hijo lleva siempre un vacío en ella”.

Este diálogo, en la confianza de hija-madre, me hace ver la necesidad de responder a la pregunta planteada por aquella jovencita. ¿Quién es un embrión? Un embrión es un ser humano en los inicios de su vida. Antes fue cigoto. Un cigoto y luego un embrión fui yo hace muchos años, cuando empezaba a vivir, como luego fui un feto, un bebé, un niño, un adolescente, un joven y ahora soy un anciano. Un embrión fue mi padre y mi madre y mis hermanos. Y algo muy importante, aquel que fui como embrión sigo siendo ahora en la vejez. Soy el mismo, desde entonces hasta ahora, en un proceso continuo, no interrumpido de desarrollo, primero en el seno de mi madre y luego en el hogar, en el pueblo, en el país. Cuando estaba en su seno, mi madre me dio todo lo necesitaba para mi desarrollo y luego lo he tenido de diversas formas en los ambientes en que me ha tocado vivir. Si cuando siendo joven me asaltaron, los balazos me hubieran pegado, ya no viviría. Si cuando estaba en el seno de mi madre, me hubieran agredido, tampoco viviría. Este camino no es excepción: es el camino que recorre cada ser humano hasta su muerte. No es lo mismo un cigoto que un embrión, que un feto, que un bebé, que un niño, que un adolescente, que un joven, que un anciano… La diferencia son los días vividos, pero se trata de la misma persona: el genotipo estuvo formado desde la unión de precisamente ese óvulo de la madre con ese espermatozoide del padre: esa era la única manera de poder ser concebidos cada uno.  De otro óvulo o de otro espermatozoide hubiera sido concebido alguien muy parecido a nosotros, como un hermano, pero no quien cada uno somos.

Recuerdo con mucho cariño y gratitud a una señora. La conocí jovencita, soltera, a ella y a su novio. Me invitaron a asistir a su matrimonio. Recuerdo su boda. Me llamó la atención porque ella y su esposo salieron antes que todos. Pensé que irían retrasados para su viaje de bodas, pero no: salieron antes para estar a la puerta del salón y recibir a cada uno de sus invitados. A eso de los 7 u 8 meses de casados, ella tuvo un evento cerebral muy grave. Fui al Seguro. La vi conectada a los aparatos. “Tiene muerte cerebral”, me dijo su esposo. Estaba embarazada, pero la criatura todavía no podía vivir fuera de ella. Estuvo ahí conectada hasta que su criatura alcanzó el desarrollo que necesitaba para poder seguir viviendo fuera de su vientre. Le hicieron una operación cesárea y nació la pequeña que llevaba dentro. Me tocó bautizarla y luego mirarla cuando ya iba al kínder. De entonces no la he vuelto a ver. Vivió en su madre desde que era un embrión hasta que pudo vivir fuera, pero era ella misma, no otra diferente.

El aborto no es interrumpir un embarazo. Es matar al ser humano que se desarrolla en el seno de su madre. Muchas veces destazándolo, con unas tijeras o ahora también con rayos láser, y luego succionándolo. Si juzgamos que no ha de defenderse la vida de ese ser humano, porque es todavía muy pequeño, difícilmente puede defenderse derecho humano alguno. Si por pequeño se le puede quitar la vida a alguien, entonces es la ley del más fuerte la que impera, no el derecho y la justicia.

El aborto es una fuerte agresión también contra la mujer que está embarazada. Muchas veces lo sufre porque nadie la apoya en la situación en que se encuentra. En esos casos son víctimas del aborto: su hijo y ella. Hay un tercero que es responsable y que para nada es tomado en cuenta: el hombre que la embarazó. Si fue una relación voluntaria de los dos, la responsabilidad es también de él. Poner libremente un acto me hace responsable de aquello que deriva de ese acto. Y si fue una relación violentada, una violación, entonces ese hombre ha cometido un delito muy grave que debe perseguirse. Si la violación se deja impune, se expone a la sociedad a la conducta delincuencial de esa persona, no se refuerza la conciencia en la sociedad de que la violación es un delito muy grave, no se hace justicia ni a la mujer violada ni al niño concebido. Aquí ha de ser firmemente apoyada la mamá para que pueda dar a luz al hijo que ha concebido. Parte de ese apoyo muy especial es ayudarle a sanar el trauma tan doloroso y acoger a su hijo. Caer a la cuenta de que la criatura que espera no es el agresor, ni sólo es hijo del agresor tan injusto, es también su hijo. Segundo, un acompañamiento muy cercano de modo que reciba todo el apoyo necesario para que no interrumpa en la medida de lo posible, sus proyectos de vida durante el embarazo. Tercero, una vez dado a luz su hijo, vea lo más conveniente para los dos: si confiarlo en adopción, si darlo al cuidado de sus papás, si ella misma criarlo…

Con mi oración y bendición

En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

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