Carta de un feligrés

Estamos conscientes de que es difícil la respuesta al llamado sacerdotal. Es difícil el proceso de su formación y el desprendimiento de los suyos para ser un instrumento en el Reino de Dios. Significa muchas veces, tomar un caminar incierto, pero confiando en la promesa de no estar solo, ya que en el proceso, se van creando lazos de afecto, familiaridad, amor y respeto.

Los sacerdotes se convierten para sus feligreses en instrumentos misioneros y evangelizadores. Siendo así una buenaventura de coincidir con un sacerdote.

Nuestra vida está hecha de finales y comienzos, de personas que pasaran para impactar en ella, hoy me tome el permiso para escribir estas líneas precisamente pensando en lo que un hombre llamado por Dios a dejado de aprendizaje  en el proceso espiritual.

En estas líneas, quisiera darme el permiso de honrar para Gloria de Dios, no solo por la manera tan imponente con la que llevaba a cabo cada una de sus homilías, si no por la sencillez de su personalidad, su trabajo en comunidad, con los pueblos indígenas, con los jóvenes, con los niños ,con los grupos y movimientos  parroquiales.  

Y con esta labor proyectando a quien con tanto amor predicó durante este 4 años en nuestra comunidad. Una comunidad puesta prueba por la ola de violencia que alcanzó a tocar y en su momento volverse todo un reto para quien anuncia a Cristo Rey de paz.

Hoy el padre Inocencio Silverio Mauro deja su comunidad, en este que se ha convertido por mucho en un lugar importante dentro de nuestro puerto “La comunidad de Santa Cruz”.

Hoy entrega esta parroquia, en ella el corazón y las almas de muchos que fuimos siendo convertidos y convencidos que Cristo cumplirá su promesa en los que como él seguimos firmes en su Palabra, un sinfín de nostalgia y sentimientos encontrados pasan por nuestro ser, pero el más importante de estos es lo que el padre Inocencio logró sembrar en cada uno de los que caminamos con él , deseamos que su corazón y su caminar siga siendo firme y tenga siempre presente esas palabras que lo llevaron a abrazar este apostolado siendo él muy joven “YO QUE, YO QUIERO SER LO QUE TU QUIERES QUE SEA, PONME DONDE TU CREAS QUE DEBO ESTAR, DONDE YO PUEDA SERVIRTE A LOS DEMÁS”.

CON UN CORAZÓN AGRADECIDO, DIOS LO BENDIGA PADRE INOCENCIO SILVERIO MAURO, que el trabajo que realizó estos tres años siga dando muchos frutos para Gloria de Dios ahora en manos del Padre Jorge Hernández Ramírez,  que su nueva comunidad sepa acoger al mensajero de Dios, al amigo y al sacerdote que encaminara sus vidas.

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