Deseó que Venezuela halle concordia.

El papa Francisco dedicó este martes su tradicional mensaje de Navidad a «la fraternidad» y recorrió los principales conflictos que hay en el planeta con un pedido de paz.

Desde el balcón principal de la basílica de San Pedro, donde se asomó aquel 13 de marzo de 2013 cuando lo eligieron pontífice, aseguró que todos somos hermanos y que las diferencias son una riqueza y no un peligro.

Sin esa visión cristiana de la humanidad, dijo, «nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos, e incluso los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu«.

Decenas de miles de personas siguieron las palabras del Papa argentino, en su sexta Navidad como jefe de la Iglesia católica.

Expresó Francisco el deseo de «fraternidad entre personas de toda nación y cultura», «entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro» y «entre personas de diversas religiones».

También pidió para que haya «concordia» en Venezuela, que llegue la «reconciliación» a Nicaragua y que israelíes y palestinos «reanuden el diálogo».

«Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población», proclamó Francisco.

Además, rogó para que «delante del niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país».

Remarcó que «la salvación pasa a través del amor y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas, pero todos hermanos en humanidad«.

En una familia, sostuvo, «siendo hermanos y hermanas somos distintos unos de otros y no siempre estamos de acuerdo, pero hay un vínculo indisoluble que nos une, y el amor de los padres nos ayuda a querernos».

Deseó que en esta Navidad «redescubramos los nexos de fraternidad que nos unen como seres humanos y vinculan a todos los pueblos».

Otros lugares con conflictos humanitarios nombrados por el Papa fueron Yemen («tantos niños y poblaciones, exhaustos por la guerra y el hambre»),Tierra Santa, Siria, el continente africano («donde millones de personas están refugiadas o desplazadas y necesitan asistencia humanitaria y seguridad alimentaria»), la península coreana y Ucrania.

También pidió por «los pueblos que sufren las colonizaciones ideológicas, culturales y económicas viendo lacerada su libertad y su identidad, y que sufren por el hambre y la falta de servicios educativos y sanitarios».

Que la Navidad «haga posible que israelíes y palestinos retomen el diálogo y emprendan un camino de paz que pongan fin a un conflicto» que dura más de 70 años, declaró el Papa.

Y antes de la bendición Urbi et orbi («a la ciudad y al mundo») pidió que «el niño pequeño y con frío que contemplamos hoy en el pesebre proteja a todos los niños de la tierra y a toda persona frágil, indefensa y descartada».

«Que todos podamos recibir paz y consuelo por el nacimiento del Salvador y, sintiéndonos amados por el único Padre celestial, reencontrarnos y vivir como hermanos.»

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