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Jesús se apareció en 1674 a una «pequeña religiosa», santa Margarita María de Alacoque (1647-1690) mientras se hallaba en oración. No era la primera vez que Cristo se le manifestaba mostrándole su Corazón.

En aquella ocasión, Jesús le pidió la «Hora Santa» de reparación, a hacerse todas las noches entre el jueves y el viernes, desde las once hasta la medianoche. En aquella Hora se hacía partícipe de la tristeza de Jesús en Getsemaní.

Jesús le dijo: “Todas las noches del jueves al viernes te haré participar de la mortal tristeza que quise padecer en el Huerto de los Olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Y para acompañarme en aquella humilde plegaria, que entonces presenté a mi Padre, te postrarás con la faz en tierra, deseosa de aplacar la cólera divina y en demanda de perdón por los pecadores”.

La difusión de esta práctica piadosa en el mundo católico estuvo íntimamente ligada al favor que encontró, en los siglos XVIII-XIX, el culto al Sagrado Corazón de Jesús.

La Hora Santa tiene tres características principales que se recogen en las memorias de santa Margarita María: la oración reparadora, la unión con Jesús sufriente en Getsemaní y los gestos de humillación.
Se trata por tanto de dedicar una hora a meditar los misterios cuando Cristo se sintió sólo y débil, como nosotros, y pide al Padre aparte el cáliz. Una hora para acompañarle, como el Ángel del huerto, místicamente, junto al sagrario.

Pero también hora santa se utiliza para designar el momento que cada uno dispone para estar a solas con el Señor, diariamente.

El famoso Venerable Fulton J. Sheen, famoso tele-radio-evangelista, prolífico escritor, director de la Sociedad Misionera de la Iglesia, predicador, amigo y confidente de muchos Papas mundialmente conocido, amado por millones, atribuyó su éxito a una sola cosa: una profunda relación con nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El amor de este gran hombre de Dios se manifiesta en particular en su fidelidad a la oración diaria, lo que él llamaba su Hora Santa o Hour of Power.

Al final de su vida tomó la decisión de hacer retiros, después de que él se retiró como arzobispo de Rochester, Nueva York. Sin embargo, su audiencia era muy selecta y específica sólo sacerdotes y obispos.

Él los desafió, les dijo, “cuando ustedes hablan no siempre los oyentes prestan atención. Sin embargo, cuando Él habla la gente escucha”.
La clave de Sheen fue hacer hincapié en la unión con Dios a través de la Hora Santa-The Hour of Power.

Los santos son los que están locamente enamorados de Jesucristo, de la cabeza a los pies. Este fuego de amor sólo puede ser encendido a través de la oración profunda y esa profunda oración se convierte en una realidad específica a través de la práctica de la Hora Santa diaria.

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