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Cuando pensamos en vocaciones, rápidamente se nos vienen a la mente la vocación al sacerdocio y a la vida religiosa, cómo que no existieran más. Y si existen.

Hay una vocación de la cual no se habla mucho, pues es muy importante en nuestra sociedad y más en estos días en los que vivimos una falta de paz y humanización.

Estoy hablando de la vocación de la familia. Y es que, ¿hay una escuela para padres?, ¡Debería de haberla!, o por lo menos una pastoral que ayude y guía a los jóvenes y adolescentes en la vocación al matrimonio, para poder construir una verdadera familia según el corazón de Dios y a ejemplo de la sagrada familia.

Los jóvenes necesitan ver a un sacerdote, religioso, religiosa, más humanizado. Que comparta su día a día. Un seminarista que hable de su proceso vocacional y de cómo Dios lo ha llamado a contestar a su llamado.

Los jóvenes deben inspirarse en historias de sacerdotes que han dado su vida en favor del evangelio, en hacer el bien a enfermos y a los más necesitados y marginados por la sociedad.

En todas las ciudades y diócesis del país hay historias facinantes, de sacerdotes que han vivido según Jesucristo. Algunos ya están en la presencia del Padre, otros siguen entre nosotros imitando las enseñanzas de Jesús.

Con admiración veo la devoción con la que muchas hermanas religiosas rezan el santo rosario y se consagran confiadamente a los brazos maternales de María, madre de Dios y madre nuestra.

Esas historias son dignas de compartir, historias que nos hacen ver que en nuestros tiempos hay personas que se han tomado muy enserio llevar una vida de santidad y van por buen camino asumiendo la vocación que Dios les ha confiado.

¿Conoces el testimonio de algún sacerdote, religioso, religiosa o laico que te inspire en tu camino de fe?, házmelo saber en los comentarios.

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